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La reforma
de nuestras viviendas
no es una cuestión puntual.
La mayoría de nuestros abuelos únicamente
reformaban sus viviendas cuando existía
una urgencia: fugas de agua, cortocircuitos,
etc. Sin embargo, en nuestra sociedad, hacer
reformas en nuestras casas es cada vez algo
más frecuente y que responde símplemente
a que nuestros
gustos cambian conforme cambian las tendencias
y queremos vivir en casas que reflejen dichos
cambios.
Pero, ¿realmente
nos decidimos a hacer obras por cuestiones estéticas
sólo?.
En la mayoría de los casos
no es sólo ese
el motivo. Muchos de nuestros clientes
quieren corregir
problemas que no fueron adecuadamente
tratados en obras anteriores. No atender adecuadamente
las necesidades de la familia puede provocar
pequeñas incomodidades que deriven en
que el conjunto no responde a nuestras necesidades
reales.
El número de armarios no
es el suficiente y sin embargo sobran muebles
de cocina. ¿Quién no tiene un
alargador eléctrico en su casa?. ¿Cuántos
ladrones eléctricos?. Además de
antiestéticos pueden suponer un riesgo
real. No hay sitio para el aspirador. La tabla
de la plancha suele acabar detrás de
una puerta. En los baños no hay sitio
para todas nuestras cosas.
Por no hablar de dotarnos con los
últimos avances
técnicos. La lista se
hace interminable: el ordenador, la consola
de los niños, la tv de la consola, el
home-cinema, más teléfonos fijos
o inalámbricos, el aire acondicionado,
el dvd, sonido en todas las habitaciones, alarma,
el cargador del móvil...
La reforma de una vivienda
hay que estudiarla con detenimiento para que los resultados sean plenamente
satisfactorios. No tomes tu decisión
sin sopesar los pros y los contras
que traeran los cambios a toda la familia.
Otra de las causas que hacen necesario
comenzar una reforma es que conforme los hijos
van abandonando el hogar podemos utilizar más
espacio para satisfacer las necesidades de los
padres: tener despacho, un espacio para
leer, el cine en casa...
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